viernes, 5 de septiembre de 2014

POEMA BUSCA VERSOS...LA VENDIMIA

Quién ha conocido una vendimia en La Mancha, entenderá perfectamente estos versos, y quién nunca la ha conocido, podrá comprender que hay cosas que aunque no queramos o incluso nunca lleguen a gustarnos del todo, los recuerdos que se agolpan en torno a ellas las convierten en algo que siempre  recordará de una forma muy especial nuestra memoria. Son esas cosas o esos momentos que sin darnos cuentan forman un lazo de unión, tradición y encuentro.

LA VENDIMIA

Se oye un caldero al fondo,
Que menea el medio día,
Al compas de una cuadrilla,

Que vendimia allá en la viña.

 
Un tractor anda crujiendo,
Su perfecta maquinaria,

Lleva el paso más ligero,
Que las mulas que antes usaba.

 
Los aperos de labranza,

Con el tiempo han cambiado,

Los carros de lanza pasaron,
Y en el recuerdo quedaron.

 
Es esa época del año,

En la que se paraba el tiempo,
Y ese olor a vendimia,

Ocupa cada recuerdo.

 
En esos días se cosecha,
El trabajo hecho un año,

Y aún le falta madurar,
En la barrica otro tanto.

 
Un trabajo artesanal,

Que funciona de año en año,
Recogiendo todo el fruto,

Que han criado esos campos.

 
A veces más que un trabajo,

Se convierte en una escusa,
Para juntar a esa gente,

Que de año en año se disfruta.

 
Y puedes ver a la solana,

A toda una gran familia,
Que disfruta de un “mojete”,

Mientras recuerda otras vidas.

 
Contando padres a hijos,

Escuchando hijos y nietos,
Los recuerdos de otros tiempos,

Mientras descansan el cuerpo.

 
Dicen que no había remolque,
Que con mulas se tiraba,

Que las mujeres recogían,

Mientras los hombres hacían la "carga".

 
Que comían “mojete” y gachas,

Que bebían del botijo,
Y caminaban a la viña,

Cantando jotas por el camino.

 
Ahora todo ha cambiado,

Ahora todo es más fácil,
Pero aún se conserva la esencia,

De todos volver a juntarse.

 
Según va acabando el día,

El cansancio va pesando,
Hasta que llega el momento,

De marcar el “corte” dejado.

 
Para que al día siguiente,

Todos puedan recordar,
Donde quedó ese “corte”,

Para volver a empezar.

 
Quizás se empiece mañana,

 O el fin de semana que viene,
Porque la vendimia ya no para,

La vida de tanta gente.

 
Y en la interminable llanura,
Al caer la tarde los tractores,

Acaban rompiendo el silencio,
Con el ruido de sus motores.

 
Llevando el trabajo del día,

A guardar a una bodega,
Cerrando el ciclo de la vida,

En la cosecha que almacenan.

 
Cerrando también la campaña
Y el encuentro con la familia,

Hasta que llegue el año que viene,
Y todos vuelvan a esa viña.

 
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4 comentarios:

  1. LAS VENDIMIAS EN CENICIENTOS

    Cenicientos en revuelo
    de ardor y de actividad
    al brotar la claridad,
    y el alba surgir del cielo.
    Los cascos hiriendo el suelo,
    y las ruedas de los carros
    atascándose en los barros,
    de embarradas carreteras
    en las jornadas enteras
    de los racimos bizarros.

    Aquello era natural,
    el esplendor de las viñas,
    las bien cuidadas campiñas
    y el bucólico rural.
    Y ganaban el jornal
    cuadrillas de jornaleros
    que no fueron herederos,
    y quienes fuimos sus hijos
    ganábamos el pan fijos
    para días venideros.

    Los racimos en serones,
    llevando el néctar de Baco
    y lleno el cesto y el saco,
    exudando exudaciones.
    Voces, risas y canciones,
    poblaban las dos labranzas
    con los cantos y romanzas
    de alegres vendimiadores,
    con sus cantos precursores,
    de sus sueños y esperanzas.

    Navalaviga en la cresta
    frente al Cerro de San Pablo,
    de aquel tiempo de que os hablo,
    me impulsaba por su cuesta.
    De mimbre era mi cesta
    y ya en Orilla Moral
    gané mi primer jornal,
    vendimiando en un barranco
    donde había un canto blanco,
    y un gran pozo con brocal.

    El Campo tintado en gente
    y tintados por el mosto,
    solariego cual agosto
    o con frío de repente.
    La vendimia es siempre urgente
    se corta uva en la Dehesa
    por el Juncar no se cesa,
    cargan mulas y borricos
    activos pobres y ricos,
    volcados sobre su empresa.

    Ya en la bodega las cargas
    a hombros de los pisadores,
    con sus albarcas motores
    de pisadas y descargas.
    Vendimias dulces y amargas,
    y el húngaro y su bodega
    aguardaba allí la entrega
    de viñadores modestos,
    en el cobro siempre prestos
    si necesidad se alega.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  2. LA BODEGA DE CENICIENTOS

    Con el tiempo esta pátina ha curtido
    las piedras que ennegrecen la fachada
    y expande olor del mosto en oleada
    del vino que fermenta adormecido.

    Bodega que en vejez ha encanecido
    acogiendo a toda uva enamorada
    que traía el serón la esposa amada
    al tálamo del cono su marido.

    Y a sus puertas hervía un torbellino
    y de cargas un mar en oleaje
    disputando la mula y el pollino

    en pugna por la fila del pesaje
    de racimos que han hecho a nuestro vino
    vinícolas raíces del paisaje.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  3. LA VENDIMIA DE LOS NIÑOS JORNALEROS

    Impúberes argonautas
    sobre las cepas esbeltas,
    las navajas cortan sueltas
    de los infantiles nautas.
    Sin chirimías ni flautas
    en busca del vellocino
    del oro del tinto vino,
    de las cepas el racimo
    nos daba el valor y animo
    de forjar nuestro destino.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  4. LA FIESTA DE LA VENDIMIA

    Peñas salen de la Plaza
    llevando acompañamientos
    de unos festejos con traza
    de la tradición que enlaza
    al corucho Cenicientos.

    De varas llevan el carro
    por mulas encabezado:
    que es reliquia y es bizarro,
    y carro de cuando el barro
    del pueblo era el decorado.

    Cestos de mimbres antiguos
    llenan de uvas maduradas
    de unos racimos ambiguos
    que unos con otras contiguos,
    aguardan a ser pisadas.

    En puertas de la bodega
    la juventud bulliciosa
    gran alegría despliega,
    y nuestra Peña sosiega
    la tarde otoñal ruidosa.

    Marcha el carro con su carga
    por coruchos flanqueado,
    allá por la calle Larga
    donde báquica se alarga
    hasta el lagar del pisado.

    En la plaza ya de nuevo
    bailan sobre el escenario
    el folclórico renuevo
    de las cinturas de acebo
    de los coruchos muestrario.

    Rebosante y concurrida
    y con ambiente festivo,
    quizá en alguna medida
    también fuera merecida
    un homenaje a su olivo.

    Siempre cepas y olivares,
    hermanados por las manos,
    y arropados por pinares
    y efluvios de tomillares,
    fraternizaron hermanos.

    En Cenicientos nunca hubo
    caciques ni latifundio,
    y un ten con ten se sostuvo
    y en paz siempre se mantuvo
    viña grande y minifundio.

    Pese a ser fiesta reciente
    sin raigambre y sin memoria,
    en su devenir la gente
    tenga el corucho presente
    ser ya parte de su historia.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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No te enamores de mí, Porque no sé si sabré corresponderte, No te enamores de mí, Porque soy un compendio de problemas sin resolver, ...